miércoles, 8 de febrero de 2012

Viajes laborales

El pasaporte, el localizador del vuelo, la reserva del hotel, la maleta, el portátil, la mochila de la cámara, algo para leer, cambiar moneda, horas y horas de aeropuertos, de avión, taxis, guardar los recibos de todo, desayunar solo, cenar solo, pasear solo, turistear solo...

Vuelve a tocarme viajar, otra vez por razones laborales, y otra vez al mismo destino. México DF me espera. Y no es por nada, pero me faltan las ganas. Las he buscado por todas partes y no las encuentro. Creo que las perdí en el último viaje que hice, hace tres meses. Me las debí dejar allí, en alguna esquina y dudo mucho que las vuelva a encontrar.









Al principio este tipo de viajes tenía su aquel. Era una buena oportunidad de conocer mundo, de hacer turismo por lugares que si no fuera por el trabajo no visitaría, de viajar con los gastos pagados y sacarse un sobre sueldo con el tema de las dietas. Sobre todo cuando los países son baratos. Pero la repetición agota.

Y no digo que no me guste viajar, que me encanta, pero no así. No en este plan. Pasarme la semana saliendo del trabajo suficientemente tarde como para que solo de tiempo a volver al hotel, cenar y meterte en la cama no tiene gracia. Porque para eso no me voy a 9076 kilómetros de casa.


Solo me quedan los fines de semana, que esta vez serán dos, para poder hacer algo interesante, y la verdad, se me empiezan a terminar las cosas interesantes que se pueden hacer a una distancia razonable de donde estaré alojado. Encima, con las pocas ganas que tengo...







En fin, qué le vamos a hacer. Tratemos de sacar el lado bueno del tema. Voy a intentar buscarlo por algún lado a ver si lo encuentro. Aunque solo sea por traer nuevo material fotográfico para actualizar el blog.

Me conjuraré con los chamanes para que purifiquen mi espíritu y me den fuerzas.

Ciudad de México, allá voy.













Fotos: SuperG
Texto: SuperG