lunes, 23 de enero de 2012

Buscando hadas en el bosque



Venía y me susurraba al oído y cuando me giraba para verla, corría a esconderse entre los árboles. Estaba en su medio y yo fuera del mío, con lo que jugaba con toda la ventaja que le daba ser parte del bosque. Y cada vez que me susurraba algo nuevo, más ganas me daban de verla. Hasta que en un momento en el que levanté la vista después de mirar al suelo para no resbalarme con el hielo, se dejó ver, sentada en una roca cubierta de musgo, mojando sus pies en la orilla del río, despreocupada, como si no notara el frío del agua procedente del deshielo de la montaña.


- ¿A qué has venido a mi bosque? - dijo sin ni si quiera mirarme.
- A buscarte - contesté cuando conseguí que saliera mi voz tras la sorpresa inesperada de encontrarla.
- Pues ya me has encontrado - dijo-, o más bien te he encontrado yo a ti - añadió-. Vas haciendo tanto ruido que como para no encontrarte.
- Es que el bosque es complicado para alguien como yo.
- ¿Alguien como tú? - preguntó sorprendida.
- Sí, alguien que no tiene alas - contesté.
- ¿Y qué es lo que quieres de mi? - volvió a preguntar sin dar importancia a mi respuesta.
- Decirte que te amo.